Capítulo 22. Origen del chico de goma. Parte 2

―Capitán Sanquendengue, ¿el BAtiradar ha localizado al Profesor Bole?
―Indica un 87% de posibilidades de que se encuentre en la Fábrica Abandonada de Libros Aburridos y Otros Productos Culturales Fifí.
―¡Excelente, estamos cerca! Aparquemos aquí y vayamos volando para no despertar sospechas. No olvidemos dejar las balizas, que la otra vez se la puso media ciudad contra el Carbúnculo.
Unos pocos kilómetros más tarde:
―Súper Fac-U, utiliza tu visión de rayos enamorados y dinos qué ves dentro de su guarida.
―¡Oh, por los dientes de Mirtha Legrand! El Profesor Magnom Bole ha blindado su fortaleza con plomo: ¡mi visión no puede penetrar sus muros! ¡El distrito industrial fue una excelente elección de su parte para esconderse!
―¡Oh, santas gónadas inflamadas en almíbar, Súper! Si tan sólo pudiéramos penetrarla de alguna forma…
―¡Eso me da una gran idea, BAti Bondage! Aguarden aquí. Ya regreso.
―¿A dónde crees que esté volando, Capi?
―Mira, parece que está tratando de entrar por arriba. Mientras lo esperamos, exploremos los alrededores, en caso de que haya alguna trampa aguardándonos.
―Buena idea. Vayamos por aquí.
―Pero… ¿qué es eso? ¡Allí, detrás de los contenedores de basura! ¡Oh, vaya, es el Profesor Magnom Bole en persona!
―Así es, Capitán Sanquendengue. ¡Ha llegado su hora!
―¡Te detendremos, perverso santurrón hipócrita!
―¡Primero tendrán que pasar por sobre mi ejército de críticos enmoñados! ¡Ataquen! ¡AHORA!
―¡Cuidado, Capi, nos rodean! ¡Aquí vienen sus ataques!
Atacan los dos primeros esbirros:
―¿Ah, con ese calzado salís a la calle? ¿A qué clase de fábrica explotaniños china se los comprás? ¿No tenés ni un poquito de sentido de la estética, acaso, porque en cuanto al moral, es obvio que no?…
―Uy, y vos con ese peinado de los ochentas, ¿qué vas a hacerme? ¿Me vas a tirar con un cassette de Queen? ¿Con el paupérrimo Hot Space? ¡Ay, qué miedito! Pero… ¡No! ¡Pará… cuidado! En serio te lo digo, no estoy bromeando: ¡tenés una gata peluda sobre la boca!… ¡Ah, no, perdón, es un intento de bigote! ¿Tu mamá te decía mucho de chiquito que eras especial, no?
―¡BAti Bondage, no… no los escuches! ¡Mal… malditos… críticos endemoniados, Profesor! Oh… ¡Sus… sus palabras… kkk… resuenan a través del continuo espaciotiempo! ¡No podemos evitar escucharlos!
―¡Brutos, ellos son el ejército de críticos enmoñados, no “endemoniados”! ¡Ignorantes come eses y heces! ¡Ahhh…! ¡Ataquen, mis criaturas, lleven a cabo su golpe mortal secreto, desde la mayor profundidad de sus envidiosas y revueltas entrañas!
Los críticos endemoniados se forman, entonces, en fila, y se preparan para perpetrar al unísono su ataque letal a nuestros dos héroes. BAti Bondage y Capitán Sanquendengue siguen en el suelo, atormentados por las despiadadas críticas. BAti Bondage lanza sus BAtidildos dobles con explosivos dobles, pero los críticos deben estar hechos de algún tipo de aleación extraterrestre, porque parecen inmunes a ellos. El Capi Sanquendengue intenta derribarlos con su fusta y con el ataque de bolas tailandesas, pero es inútil: las críticas eran tan potentes, que BAti y el Capi se debilitan cada vez más. Ni siquiera pueden contenerlos con su ataque de arneses S&M.

¿Será éste el fin de nuestros pornoamigos?… ¿Acabarán con ellos los críticos endemoniados?… ¿Podremos escribir el próximo capítulo pronto?… ¡No se pierdan el desenlace de esta aventura triple equis en nuestra próxima entrega!

CONTINUARÁ…

súper liga porno2

Advertisements

Capítulo 21. Origen del chico de goma. Parte 1

DIARIO ÍNTIMO DEL CHICO DE GOMA. Segunda entrada:

“¿Pero qué tetas hago acá?” pensó el chico, encerrado en una especie de celda. Los muros eran altas bibliotecas a cuyo lomo habitaban los monolíticos tomos de una enciclopedia. Borgeana, probablemente. Infinita, laberíntica, que se mordía su propia cola, a falta de una ajena. “Pero me cago en el escroto de la lora encalzada hasta el píloro! No me acuerdo nada… ¿Cómo llegué acá?”.

Mientras tanto, en el Salón de la Liga Argentina de la Pornojusticia Asociada:

―Miren, pornoamigos, el teléfono rojo-seducción suena. ¡El comisionado Sofovich necesita nuestra ayuda!
―Rápido, BAti Bondage, pongámoslo en la pornopantalla gigante.
―¡Pornoamigos, ciudad Frigi está en un aprieto! El Profesor Magnom Bole, ha atacado de nuevo. Esta vez pide rescate por unos civiles que ha secuestrado.
―¡Suena como una misión para nosotros, la LAPJA! Me encargaré personalmente, junto a BAti Bondage y Capitán Sanquendengue.
―Es un alivio saber que contamos con ustedes, pero hay algo más. Lo que pide el Profesor no es dinero esta vez, sino la erradicación completa de todos los juguetes sexuales, lubricantes y aceites saborizados incluidos, de ciudad Frigi.
―¡Oh, no!
―¡Oh, sí, caballeros! Es una tragedia… Especialmente porque hace poco le encontré la vuelta al anillo ultrasónico de tres resonancias atómicas que Polino me regaló en su paso por la Tierra. ¡Lo contenta que estaba mi Mirti con él!
―¡No se preocupe, comisionado! ¡Nosotros lo derrotaremos antes de que su esposa de noche le vuelva pedir que jueguen al yenga!
―Por favor, pornoamigos, deténganlo antes de que sea demasiado mojigata la ciudad!
―¡Adelante, compañeros! Super Fac-U, BAti Bondage y Capitán Sanquendengue detendrán al Profesor Magnom Bole Cañete! ¡Rápido, no hay tiempo que perder! ¡Vayamos en el carbúnculo amarillo invisible!

SARABARABÁ…

Esta historia CONTINUARÁ…

súper gata

Capítulo 20. Tres

Hoy fui a un congreso. Acompañé a una chica que formaba parte de la organización a hacer compras de último momento a un supermercado que estaba enfrente.
Cuando volvimos, me senté al lado de ella y escribí esto:

Andantes. Caballeros andantes es lo que vi. Iban de noche. Pero ¿a dónde? ¿A dónde iban con sus yelmos, sus petos, sus escudos? ¿A dónde marchan sus lanzas? ¿A dónde, sus espadas?
Empuñan sus guantes las riendas por la tierra. La zona llana atraviesan y se inmiscuyen en las sombras. Ellos, pocos; los escuderos, menos; atraviesan la nada. Sí, habrá algunas montañas un poco más allá, pero ellos van, no vacilan; van con rítmico convencimiento. Su empresa será tal vez la de rescatar a una dama, salvaguardar el honor de algún rey, propagar una fe verdadera.
Andan estos caballeros y con cada golpe de cada herradura clavan la tapa de su destino: ellos, hombres y mujeres que parten de castillos que saben suyos, cada piedra, cada rincón, cada gota de musgo y cada sirviente y noble, una vida por la que son responsables; cada hijo, cada esposa y esposo; dejan todo atrás, sabiendo que bien podrán no retornar. Jamás. ¿A dónde van? ¿Se habrán despedido? ¿Qué habrán dicho? ¿Conocerán el secreto del último saludo, aquella combinación de palabras eterna que por siempre dejará una reverberación en los oídos de sus amados? ¿A dónde parten, caballeros, con el ceño firme, dejando la comodidad? ¿Habrán mirado atrás? El último beso a los hijos, las hijas. ¿Por qué parten, caballeros?
¿Parten porque su destino es andar? ¿Se van de nuevo porque conocen la mentira de la prosperidad? ¿Marchan en la noche de azul porque han olvidado cómo mentir?
Andan los caballeros de la noche azul, andan, sin protección del hechicero, han partido ellos pocos, como todos, partirán, andan ellos sin arrepentimientos, sin pedir perdón, nunca pensaron en pedir permiso; andan marcando un camino, galopan las crines por la fría negrura, andan junto a sus errores, y marchan sin pausa.
Viajan sin remanso a librar batalla, marchan directo al corazón del miedo verde. Verde.

Se llama como el ruido de la lluvia sobre la piel, ella, y mañana es su cumpleaños.

Imagen1231

Capítulo 19. Dos.

Bueno, no sé. Tal vez no sea tan mala idea, después de todo. Podría hacerme un diario. No para internet, claro: demasiada vergüenza las cosas que pienso todo el tiempo. Podría llamarse… eh… “Las fantásticas aventuras de Pibe Elástico”, o algo así.
Mi primera entrada podría ser… (insertar efecto de transición a sueño, ese donde la imagen se deforma como con ondas).

LAS INEFABLES AVENTURAS DEL PIBE GOMA

Primera entrada.
Querido diario:
Hoy tomé un remís porque hacía mucho, pero mucho calor, y se me hacía tarde. El asfalto desprendía esas rayitas de calor que deforman la imagen, como cuando hacen el efecto de transición a un sueño en las películas o series más trilladas del mundo. El remisero era un grandote, de esos grandotes que apenas caben en el asiento y que si no van medio agachados se chocan el techo. Le dije a dónde iba y arrancó. Entonces, ocurrió. Mientras intentaba escabullirme al otro lado del asiento, porque el tipo tenía tan corrida para atrás su butaca que me estaba empezando a asfixiar, y con todo el calor que hacía, y con un viento que era un mal chiste de político conservador, y con mi cuerpo que se iba quedando progresivamente adherido al plástico que recubría el asiento, como si todo eso fuera poco, mientras me retorcía para tratar de obtener alguito de aire, el remisero, el remisero desde la profundidad de sus largas y anchas tripas, se cagó. Se cagó. Mal. Se cagó desde el chori con chucrut en mal estado que había comido ayer hasta las puntas de sus nalgas.
Era una emergencia: no me importó nada y estiré mi cachete derecho de goma para hacer un globo con lo último de aire más o menos puro que quedaba, debajo del asiento de la derecha. Estaba calentito, pero del calor del auto, no del calor del grandote. Respiré eso por tres o cuatro cuadras. Después, no recuerdo más nada hasta que llegamos a destino. Durante el viaje soñé con el remisero subido a una montaña de zepelines turquesa de juguete con un fósforo encendido en la mano, a punto de hacer algo y llorando lágrimas de alegría en forma de garbanzos, como chico en tienda de golosinas.
Una vez más agradecí a mis superpoderes elásticos por sacarme de un nuevo aprieto.

Imagen1343 (2)

Capítulo 18. Uno. La mayoría de edad

Ayer se cumplieron dos semanas desde la última vez que hablé con Pau. Anoche salí. Tomé hasta vomitar. Creo que llegué al baño. Ahora que lo pienso, fue como eyacular largo y tendido en un sueño y no acordarse muy bien dónde ni recordar si lo limpié, y escuchar en el fondo de la cabeza esa preocupación por limpiarlo, pero olvidarse pronto. Y que te guste dejar todo sucio, así, y que no te importe. Anoche salí. Había una chica en el bar. Se acercó a decirme algo y creo que llegué a su departamento.

Capítulo 18. Uno. La mayoría de edad (porque no podía ser tan fácil: soy yo)

Ayer se cumplieron dos semanas desde la última vez que hablé con Pau. Anoche salí. Tomé hasta vomitar. Creo que llegué al baño. Ahora que lo pienso, fue como eyacular largo y tendido en un sueño y no acordarse muy bien dónde ni recordar si lo limpié, y escuchar en el fondo de la cabeza esa preocupación por limpiarlo, pero olvidarse pronto. Y que te guste dejar todo sucio, así, y que no te importe. Anoche salí. Había una chica en el bar. Se acercó a decirme algo y creo que llegué a su departamento. Ahora que lo pienso, fue como vomitar en un sueño, todo lo sufrido, todo lo que no salió con lágrimas en esas dos semanas, el sabor a pus de la mentira, el del deseo infranqueable, el de, aún así, la piel de Pau entre mis labios y mis dientes; y fue como no acordarse muy bien dónde, si adentro, si afuera, si adentro, ni si lo limpié ni nada, mucho, la verdad; y fue como escuchar en el fondo de la cabeza esa preocupación por limpiarlo, pero olvidarse pronto. Y que te guste dejarla toda sucia de vos. Anoche salí. Había una chica en el bar. Se acercó a decirme algo y creo

Imagen0646 (2)

(Post escrito bajo la influencia de sexysaxe.wordpress.com. ¡¡¡Visítenlo!!! Lo iba a poner en el siguiente post, más ordenadito, pero bueno, no estamos ordenados hoy, je. ¡Y mejor así!).

Capítulo 17. Cero. ¡Despeguen!

IMGP0325 (2)

Qué maravilloso es que podamos elegir; y que nuestras elecciones le peguen un giro a nuestra historia, y que esas elecciones perduren. Nada puede cambiar lo que elegimos en un momento determinado si lo llevamos a la práctica. Ni siquiera nada puede cambiar lo que alguna vez pensamos. Lo que existió, lo que ocurrió, todo eso perdura en un pasado inalterable: es eterno. Y esa eternidad lo hace infinito e impermanente al mismo tiempo.
Es una maravillosa sinfonía de la que todo forma parte. Y es maravilloso, también, que los instrumentos nunca desafinen, que los músicos no se equivoquen ni se cansen nunca. Por mucho que nuestros entendimientos se empeñen en predecirla, en dirigirla, por juzgarla como deseable, indeseable, perfecta o imperfecta, nada de eso es cierto. Desde arriba, en el momento en que cae la nota, cae también la perfección, aun cuando no coincida con nuestros anhelos. La nota que cae es la perfección porque es la que cae. Las ideas ordinarias de perfección e imperfección caen. La perfección-imperfección pasa a ser la perfecta marcha de todo. Antes y después del obstáculo del lenguaje. Y durante, también, claro, pero es más difícil de entender.
Cada instante, cada momento presente de vida, es un momento presente de muerte. La vida es la muerte (son lo mismo). Si no muriéramos, no viviríamos. Vivir es morir lentamente. A propósito.
Somos una leve brisa sobre la existencia. Y tenemos la suerte de poder ser conscientes de la sinfonía.
No somos más (ni menos) que una piedra: ambos estamos acá, o estuvimos, o estaremos.
Todo podría no existir. Y por alguna razón, existe. Por alguna razón, el universo explotó, de la nada.
Tal vez Dios sea esa sutileza de la naturaleza, tal vez haya sido esa explosión, y la fuerza que mantiene girando a los electrones alrededor del núcleo, y tal vez sea la lluvia suave y el vendaval feroz. Calma y tempestad son lo mismo. Las tormentas furiosas de Júpiter, desde el espacio no se sienten más que como calma; en silencio. Incluso, hasta nos parecen bellas esas manchas rojizas.
Dios tal vez sea la calesita que gira, estos patos alimentándose, el deseo irrefrenable por la piel/carne de alguna persona. Dios, tal vez sea el fenómeno de la vida. Y si lo fuera, también será, con toda seguridad, el de la muerte. Desde la inmensidad del cosmos hasta la inmensidad de la cuántica, Dios tal vez sea todo eso. Claro, el alfa y el omega…
Sí, todos debemos morir algún día. Pero, ¿y eso, qué? Los astros seguirán su curso, la gravedad seguirá siendo tan ingeniosa como siempre, el agua mojará. Y tal vez nosotros no existiremos más, pero la sinfonía continuará.
Y habremos sido una olita en el mar sin fin de lo que existe. Aunque hayamos sido reyes en esta vida, incluso eso pasará, y terminaremos siendo insignificantes para el cosmos. Pero la felicidad tal vez sea que no importa la significancia entendida en esos términos. Tal vez seamos una olita: ¡pero tal vez no existan más que olitas! Y si fuéramos olitas, seríamos olitas de Dios… En Dios. ¡Olitas que son Dios!
Hagamos lo que hagamos, veamos lo que veamos, ahí detrás (¡acá detrás!) está la sonrisa pacífica y amable de Dios que es la eternidad misma. Porque nada de lo que experimentemos escapa de la existencia. Es fácil ver esa sonrisa en la de nenes jugando, en la de un gatito durmiendo, en la luna y las estrellas. Es difícil, sin embargo, verla en la violencia, en la penitencia innecesaria, en un ser querido que muere, en la agonía, en el asesinato, en el genocidio, pero también ahí está. Incluso en estos horrores hay felicidad, paz.
Hagamos lo que hagamos ponemos en práctica a Dios. Tratemos todos juntos de ejercitar su compasión.
Dios es todo, también nosotros mismos, aquí, ahora y así.

Imagen1524 (2)

Capítulo 16. Uno

¿Qué es esto que tengo en mis manos ahora? Es vida.
Y quisiera decir que estoy en paz con la muerte, pero no.
Es el ave que, siempre partiendo, parte para siempre,
la espina en la contracción impaliable del músculo.

Ah, pero qué mentira creer que existe un siempre;
¿no aprendemos del polvo?
Ah, pero qué miseria la de los días cóncavos,
mitra azul de promesas y venias,
de proezas y señas,
que quieren vaciar el cosmos de a bocanadas.

Y, sin embargo, el engaño se agarra de nuestras paredes,
y nos roe con cara de gracia la cuerda que nos afina.

El falso espejo del amor perdido y que ahora se va con otro,
la familia que despedimos desde los pies del espacio que en una cama ocupan,
la cadera que pasa,
la caldera que pasa, se balancea y pasa delante de nosotros,
la moneda del otro lado del vidrio del tragamonedas,
el nudo de garganta en el final de las uñas en los sueños:
todo eso, ¿qué es?
¿Se transforma en algo más después?
Si es así, ¿en qué?