Capítulo 29. Sin título 3

¿Viste Martín, mi amigo? Me mandó algo que escribió así, de una. La mandó con traducción:
Whether we laugh or cry,
all is recorded in the unspellable fabric
of motion and time.

Far, far across borders’ lips
plunging right beneath a god’s hangnail
in between the fuzzing mimics it lies.

It is the hard interjection by
the rippling meadows of silver and grey
of a lonely name
once oddly whistled
only to the sky.

(Riamos o lloremos,
todo es grabado en el indeletreable tejido
del movimiento y del tiempo.

Lejos, en la otra punta de los labios de las fronteras,
sumergiéndose justo debajo de la pielcita levantada en el costado de la uña de un dios,
entre las empañadas mímicas, yace.

Es la dura intersección junto a
las praderas ondeantes de gris y plateado
de un nombre solitario
alguna vez raramente silbado
solo al cielo).

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Capítulo 28. No coma si va a caminar

Se acercaba una pelirroja muy, muy bonita por calle 41. Tan linda estaba que doblé por esa calle para cruzármela. Y era así de linda como cuando espontáneamente a uno le sale regalarle todo el chipá que lleva. No es una metáfora guarra: había comprado recién un cuarto de chipá.
—Hola, ¿cómo estás? Disculpame, pero, ¿vos querrías compartir este chipá que acabo de comprar? ¿Te gusta el chipá? Te doy mi palabra de que no tiene nada raro; es más, si querés llevátelo y comelo en tu casa. Yo sé que está lleno de locos. A mi novia siempre le digo que… En todo caso, lo raro… bah, “raro”, no: inusual… lo inusual es que siendo el mundo como es, tan, tan choto, sólo tengo ganas de, por una vez, compartir algo rico con una extraña a la que no voy a volver a ver nunca más. Como un abrazo con el de la mesa vecina de un bar donde acaba de meter gol la selección en la final del mundo.
“Si me das unos segundas los saco de la mochila… Uh, dije “segundas”, jaja… Debería haber sido al revés, ¿no? Por algún motivo asocio más lo masculino a lo segundo. “Primero las damas”, por ahí es por eso… O por ahí es porque te dicen que van a misa pero están con dos flacos debajo de la cama y después te llaman para decirte “cobarde” y “pusilánime” e “inocuo”… Pero puede que ese sea sólo yo… “Primero las damas”… como en el Titanic: “Primero los niños y las damas”. Imaginate el Titanic hundiéndose hoy. Vos te irías en el bote salvavidas y yo me quedaría rodeado de machos arribita del barco. Pero no me siento yo un macho. También tenemos corazón, ¿sabés? ¿Cómo tendrían que decir si fuera hoy? “¿Primero los niños y todas aquellas personas que se autoperciban con una identidad femenina?”. ¡Ja, qué lío se les armaría hoy en día, eh! Tardarían más en el llamado que en llenar los botes. Les pasa por querer diferenciar. ¡Botes salvavidas para todo el mundo YA! Igual, dejando de lado el miedo, con completa honestidad, yo entraría en la categoría de niño, si fuera en cuanto a autopercepción”.
Ni siquiera recuerdo haberla mirado cuando debimos de cruzarnos, así de compenetrado iba. La pelirroja ya estaba a cuadra y media detrás de mí (o incluso más) cuando concluí mi perorata fantasiosa: la verbosidad precoz debe de ser otro de mis superpoderes.
Y ahora tengo ganas de tomar gaseosa: Fanta. Tengo chipá para acompañar.

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