Capítulo 28. No coma si va a caminar

Se acercaba una pelirroja muy, muy bonita por calle 41. Tan linda estaba que doblé por esa calle para cruzármela. Y era así de linda como cuando espontáneamente a uno le sale regalarle todo el chipá que lleva. No es una metáfora guarra: había comprado recién un cuarto de chipá.
—Hola, ¿cómo estás? Disculpame, pero, ¿vos querrías compartir este chipá que acabo de comprar? ¿Te gusta el chipá? Te doy mi palabra de que no tiene nada raro; es más, si querés llevátelo y comelo en tu casa. Yo sé que está lleno de locos. A mi novia siempre le digo que… En todo caso, lo raro… bah, “raro”, no: inusual… lo inusual es que siendo el mundo como es, tan, tan choto, sólo tengo ganas de, por una vez, compartir algo rico con una extraña a la que no voy a volver a ver nunca más. Como un abrazo con el de la mesa vecina de un bar donde acaba de meter gol la selección en la final del mundo.
“Si me das unos segundas los saco de la mochila… Uh, dije “segundas”, jaja… Debería haber sido al revés, ¿no? Por algún motivo asocio más lo masculino a lo segundo. “Primero las damas”, por ahí es por eso… O por ahí es porque te dicen que van a misa pero están con dos flacos debajo de la cama y después te llaman para decirte “cobarde” y “pusilánime” e “inocuo”… Pero puede que ese sea sólo yo… “Primero las damas”… como en el Titanic: “Primero los niños y las damas”. Imaginate el Titanic hundiéndose hoy. Vos te irías en el bote salvavidas y yo me quedaría rodeado de machos arribita del barco. Pero no me siento yo un macho. También tenemos corazón, ¿sabés? ¿Cómo tendrían que decir si fuera hoy? “¿Primero los niños y todas aquellas personas que se autoperciban con una identidad femenina?”. ¡Ja, qué lío se les armaría hoy en día, eh! Tardarían más en el llamado que en llenar los botes. Les pasa por querer diferenciar. ¡Botes salvavidas para todo el mundo YA! Igual, dejando de lado el miedo, con completa honestidad, yo entraría en la categoría de niño, si fuera en cuanto a autopercepción”.
Ni siquiera recuerdo haberla mirado cuando debimos de cruzarnos, así de compenetrado iba. La pelirroja ya estaba a cuadra y media detrás de mí (o incluso más) cuando concluí mi perorata fantasiosa: la verbosidad precoz debe de ser otro de mis superpoderes.
Y ahora tengo ganas de tomar gaseosa: Fanta. Tengo chipá para acompañar.

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Capítulo 27. El trabajo digignifica

La entrevista de trabajo era en Buenos Aires. Y no era una entrevista cualquiera: era para un trabajo soñado: redactor creativo para las señales infantiles de Turner. ¡O sea que podía escribir para Cartoon Network, Boomerang y Tooncast! ¿Ya mencioné que no había dormido la noche anterior?
Así que viajé a Buenos Aires, a la entrevista, bien cambiadito, peinado como corresponde y con una carpeta de esas grandes, tipo la de los abogados, bajo el brazo. Me la iba cambiando de chivo en chivo porque los nervios me hacían traspirar mucho.
Llegué, dije el motivo por el que iba, me hicieron pasar, me hicieron sentar, me ofrecieron café, dije que no por la gastritis, me hicieron esperar y me tocó. Cuando pasé, fue raro. Deben ser esas pruebas que arman los psicólogos para ver desempeño en grupo y esas cosas. No creo que en este caso haya sido para ver cómo nos despeñábamos en grupo, sino que era algo distinto que todavía no sé bien qué era. En la salita éramos cinco. No, seis. Nos pidieron que dejáramos aparte los curriculum vitae que habíamos llevado, y en unas hojas en blanco que nos dieron, los escribiéramos de nuevo. Sin mirar, de memoria. Que escribiéramos lo que era importante para nosotros, entendí yo. Ésta es la transcripción del mío:

CV Mauro 001CV Mauro 002CV Mauro 003CV Mauro 004

En cualquier momento me llega el mail de respuesta. ¿Alguien duda de que haya quedado para el puesto?

malambo rusop

Capítulo 26. Las mil y una noches. (Menos mil)

Hace unas horas me escribió (Paula). Me había bloqueado de Facebook. Yo no sabía eso, porque desde la última vez que la vi, evité recorrer fotos viejas (y mucho más, entrar a su perfil). Bueno, la cosa es que hace un rato me desbloqueó. Primero me contó que me había bloqueado, y después me aclaró que era sólo por hoy que iba a chatear conmigo (en cuanto terminara esta comunicación, volvía el “tratamiento de hielo”).
“Bien”, le dije cuando me preguntó cómo estaba.
Hasta que le pedí que parara, hablamos de cualquier cosa. Fue un ratito, igual. Me contó (así como al pasar) que se había hecho amiga de un chico que la llevaba a navegar en su velero. Y tenía un doctorado y una maestría. El doctorado, en Teología. Me acuerdo que cuando me apareció su primer mensaje empecé a temblar. No podía parar. (Y es como esta otra rima involuntaria de mierda que ya no voy a borrar.)
Después de un rato me dijo que era un cobarde (por eso no había funcionado lo nuestro). Y cuando intentó explicarse mejor, me llamó “inocuo”, en el sentido de que no producía ninguna sensación (ninguna emoción)… “nada de nada de nada”. No me acuerdo ahora qué le contesté en ese momento, pero no fui agresivo (tampoco me justifiqué) ni nada… (Ah, claro… ¿ves?) Simplemente la escuchaba. Al final, me dijo que era un pusilánime (para ella eso era lo que yo era). Le pregunté si sabía la etimología de esa palabra. (Acá sí me acuerdo qué le contesté.) “No”, me respondió. “Quiere decir ‘de alma pequeña’. Y decirle a un hombre que tiene el alma pequeña es la segunda peor cosa que le podés decir que tiene pequeña…”. Se rió (fuerte). O (eso) pareció). “AJAJJAJAJAJAJJA!!!1”. (Después) se despidió. Le re)spondí el sal(udo y me bloq)(ueó de nuev)o. Todo esto fue hace) como cuatro (ho)ras, a l(as 2 am.
Mañana, (bah, hoy, -bah, en un rato-), tengo una entrevista de trabajo. (Y de nuevo la rima, que aunque asonante, sin querer; qué hijodeputa que soy…)

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Capítulo 25. De pies, pulgadas y lenguas

Un pie flota. Flota en la marea incandescente; con tiritas que lo llevan, lo llaman. Flota… con otros pies. Los otros son pies bien formados, bien recortados, derechos, sin protuberancias indebidas ni manchas: son lindos, potentes, trabajados…: machazos. El pie, el que flota más bien solo, no: es así nomás, medio pelado donde tendría que tener pelo, excesivamente peludo donde tendría que estar lisa la piel, hinchado… limpito, sí, pero una uña le crece como un Freddy Kruger de la podología.
El pie flota por otros caminos. Y se encuentra con otros pies. Los pies lindos, que fueron sus amigos de chico, se van yendo por el camino que también eligen los pies de Paula, ese camino por el que él no podrá ir nunca (aunque en algún momento quiso ir). No por prohibición, sino más bien por destino. Además, son pies con guita, casi todos. Son pies eficientes, son pies felices.
Y eso, que esos pies elijan ese camino, está muy bien.
Ahí va, mirá: “¡Chau, Pau! Buen viaje… ¡Cuidate, por favor, mucho!”, dice, se da vuelta y llora desprendiéndosele trocitos de su corazón como trocados en uñas acróbatas por un alicate.
Los pies de su camino (porque, ¿qué otro rumba podía seguir cuando ese rumbo no era para él?) son parecidos. Tampoco ellos podrían haber ido por allá. Por destino, también.
La corriente se ha hecho ancha, y el pie ya no llora: acá hay protuberancias indebidas, suspiros a fin de mes, los desfiles se ven de afuera —algunos, no todos, eh—, problemitas para conseguir ropas que disimulen, a veces, juanetes; sí, hay todo eso, pero también hay pies de todos los colores que te puedas imaginar… Son los pies que viven ahora y sin zapatos, riendo y comiendo pies multisabores a la orilla de la corriente. ¡Y qué ricos que son! Son pies que saben la trampa apestosa de la palabra feliz: son pies que maniobraron el significado de esa palabra. Y, por supuesto, son felices. A su manera. (Como Frank y Elvis). La única manera posible (para ellos). Lo mismo hicieron los pies de la otra corriente: cada uno a su manera, no hay otra manera.
Pero la de los de acá tiene sabor a ellos mismos (como la de allá lo tendrá a los de allá). Tiene sabor a lo que a ellos le sabe la fidelidad.

Cap. 25 pies

Capítulo 24. Origen del chico de goma. Parte 4

Capturado el Profesor Magnom Bole Conchita Lurdes de Bustos, los pornoamigos vuelan directamente hasta el octavo piso para liberar a los rehenes.
—Creo que éste es el último de ellos.
—Aguarden. Mis antenitas de hilo dental detectan que alguien más pide ayuda. Por allí, detrás de esa biblioteca.
El chico sigue atrapado entre las bibliotecas con tomos enciclopédicos borgeanos.
—Oye amigo, hazte a un lado y derribaremos las bibliotecas que te tienen prisionero.
—¡De acuerdo, pornoamigos!
El Capi intenta, pero no puede. Se le unen BAti y Súper, pero tampoco funciona.
—¿Qué ocurre? No lo entiendo.
—Debe ser algún tipo de hechizo fijador en spray.
—Probemos los tres juntos.
—Muy bien.
—A la cuenta de tres. ¡Un gangbang, dos bukakes, tres fistfuckings! ¡Ahora!
Las bibliotecas se rinden ante tanta sensualidad y caen. Sobre el chico.
—Oh, oh… Vaya… ¿Creen que esté bien?
—No lo sé, Súper. No responde a mis cachetadas ni a mis golpes de puño cerrado. Ni siquiera a mis golpes de nalgas.
—Hagámosle oler algo fuerte para que vuelva en sí.
—Casualmente traigo en mi BAticinturón una nueva arma que he desarrollado en base a un producto comercial de fácil acceso.
El chico abre los ojos. Sus pupilas se tornan moradas, le giran por el contorno de las órbitas y vomita sangre aterciopelada. Mucha.
—Oh, ¡pero qué cochambre!
—Tal vez con sólo olerla hubiera sido suficiente. Acaso nos excedimos al hacérsela beber toda. ¿En base a qué producto está hecha?
—…A… Al… Al per… al perfume del me… mediático Pastelito Sugar…
Los tres pornoamigos levantan sus cabezas y se miran por unos instantes, sobre las ruinas de los libros derribados. Bajo sus pies, artículos sobre El ingenioso Hidalgo y Madame Vo’ Barrés están manchados de sangre. Los tres héroes se siguen mirando.
—Bueno, creo que la cagamos. Lo hicimos de goma.
—Miren, ¡se mueve!
—Oh, ¿pero qué recórcholis me ha ocurrido?… ¡¿Y… y por qué hablo así?! Así… ¡Ah! ¡Cáspita! ¡Ah!
—¿Te sientes bien amigo? También he diseñado un champú para eso.
—¿Qué? Sí, creo que estoy bien.
—Bien, bajemos mientras respiras.
—¿Qué?
—Nada, tan solo bajemos ahora.
Una vez abajo:
—Gracias, pornoamigos. No sabría cómo agradec…
—¡Cuidado! ¡El Profesor Bole ha escapado!
—¡Estoy aquí atrás, pornoamigos! Y esta vez es adiós para siempre. ¡Prepárense a ser despornograficados con mi Rayo Despornograficador!
—¡Santa originalidad nomencladora, pornoamigos!
—¡Cállate, BAti Bondage! ¡Y ahora pierdan sus poderes!
Antes de poder disparar, una mano gigante atrapa la cara del Profesor. Pero no la atrapa tanto como que la envuelve. Y no es una mano, tampoco, en verdad: ¡son un par de nalgas las que sellan la cara del Profesor! ¡Son las del chico al que acaban de salvar nuestros héroes! Se alargaron y agrandaron hasta casi sofocar al catedrático antidiversión.
—Muy bien, amigo. ¡Suéltalo, ya es nuestro!
—Oh, ¡q… qué ho… oh… qué horror estar ahí d… dentro! ¡Oh, pero qué gusto tan desagradable! Por favor, llévenme. Pt… Pt… ¡No puede dejar de sentir náuseas! Sáquenme de aquí. Llévenme… pt… pt… a la policía. ¡Verán cómo estaré en las calles antes de una semana! ¡Y volveré a buscar mi… pt… mi VENGANZA! ¡Ajajajaja! ¡Oh, pero qué gusto tan horrible! Pt…
—Pornoamigos, creo que tengo la solución.
—De acuerdo, Capi, es todo tuyo.
—Oye, Bole. Aquí tienes goma de mascar.
—Oh, gracias Capitán. Te mataré último por este gesto.
—Pero ¿qué haces, Capi?
—Shhh… Aguarden…
—Oh, mi goma de mascar RPG es una de esas que vienen con chascarrillo… A ver… Pero… qué… qué chascarrillo tan… extraño. Dice “¿Qué le dijo un ‘H-C-I-V-O-T…’”…
La voz del Profesor desciende a medida que lee el chiste para sí. A continuación, furioso, exclama:
—¡Nooo! ¡Malditooooooos!
El Profesor implota sin dejar rastros.
—¿Pero qué ha ocurrido, Capi?
—Sencillo. En el chascarrillo le he hecho leer mi apellido de civil al revés, lo que automáticamente lo ha enviado a la quinta dimensión. No le resultará tan fácil salirse con la suya ahora.
—¡Oh, excelente plan, pornoamigo!
—¡Sí, fantástico, Capi!
—Espero que la próxima vez que lo veamos esté reformado. Y que regrese como una buena persona; como el Profesor Mango en Bolas o algo así… algo bonito.
—Y tú, chamaco… Podríamos usar tus nuevas habilidades en LAPJA.
—¡Oh, qué gran día! ¡Siempre he querido ser un pornoamigo! ¡Desde que tengo memoria!
—¡Excelente! ¿Cómo te llamarás?
—De ahora en más seré…

El chico de goma.

—¡Perfecto! Volvamos al carbúnculo amarillo invisible y te tomaremos juramento de inmediato en los cuarteles centrales, donde podrás conocer al resto de los pornoamigos. Cuanto más seamos, antes llegará el día en el que podamos cambiar la ge de Ciudad Frigi por una ka.
—¡Qué alegría estos nuevos amigos porno que tengo!

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